La corriente del Liberalismo nace para ir en contra del absolutismo y despotismo, durante el siglo XIX. Es a razón de los abusos y malas gestiones que ocasiona el poder concentrado en una sola persona o ente, que hace que la masa generacional se vuelque en contra de ella y renazca una nueva forma de hacer las cosas, una nueva forma de control y poder político. Nace pues la Democracia, y tras ella los conceptos de Estados de Derecho, Igualdad ante la ley, libertad individual, Constitución, y República.
Sus características principales son:

– El individualismo, que considera al individuo primordial, como persona única y en ejercicio de su plena libertad, por encima de todo aspecto colectivo.

– La libertad como un derecho inviolable que se refiere a diversos aspectos: libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de prensa, etc., cuyo único límite consiste en la libertad de los demás, y que debe constituir una garantía frente a la intromisión del gobierno en la vida de los individuos.

– El principio de igualdad entre las personas, entendida en lo que se refiere a diversos campos jurídico y político. Es decir, para el liberalismo, todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante el Estado.

– El derecho a la propiedad privada como fuente de desarrollo e iniciativa individual, y como derecho inalterable que debe ser salvaguardado y protegido por la ley.

– El establecimiento de códigos civiles, constituciones, e instituciones basadas en la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y en la discusión y solución de los problemas por medio de asambleas y parlamentos.

– La tolerancia religiosa en un Estado laico.

DeskSeñalamos que todos somos partícipes de la cultura educativa. Sea cual sea nuestra labor o profesión, todos generamos nuevas formas de aprender, todos somos capaces de enseñar algo y de compartirlo, de desarrollar prácticas educativas, ya que ella es una práctica -valga la redundancia- compartida. Los profesores, desarrollan la práctica educativa como profesión. Pues educar significa “imprimir” en cada una de las personas un camino hacia la ciudadanía, hacia la cultura y hacia la forma de ser “buenos” seres humanos.

Y en el camino, en la historia, cada práctica educativa se va depurando, se va seleccionando la que mejor se acomoda a un determinado contexto y va prevaleciendo una sobre otra, se va ejerciendo un tipo de poder. Un poder entendido como la capacidad de influir en el pensamiento del otro. Las propuestas que en un momento de necesidad nos significan más útiles o importantes, poseen más posibilidades de llevarse a cabo.  

Afirmamos entonces que, a grandes rasgos, las teorías educativas son postulados que se originan en un determinado contexto social y que nos conducen a una nueva metodología para un aprendizaje más eficaz. Es así, que lo que sabemos en el mundo de la Educación es un conjunto de aportaciones teóricas y prácticas que han venido desarrollándose en diversas etapas y contextos, que no se agotan en los pensamientos ni en el dominio para desarrollarse en la práctica, sino que además forman parte de nuestras utopías, proyectos, ilusiones, etc. Que nos mueven a seguir buscando puertas de desarrollo y nuevas realidades.

“Makarenko, por ejemplo, elaboró su pedagogía en una sociedad de posguerra y para niños abandonados, en la creencia fundamental de que con el respeto a la espontaneidad no se podía construir el hombre nuevo que había alumbrado la revolución rusa de 1917. Freire piensa y crea una práctica educativa para los adultos del mundo más desfavorecido, y lo hace desde un compromiso intelectual cristiano y políticamente de izquierda (…), Neill reacciona ante la educación represiva y aventura su proyecto por la senda del antiautoritarismo, fundamentado en el psicoanálisis. Piaget, desde la epistemología genética, nos proporciona una explicación acerca de cómo se construye o se aprende la inteligencia, teoría que otros han tratado de trasladar a los métodos pedagógicos y a la construcción de los currículos(…)”. 

Finalmente, es importante señalar que la idea de trasladar un postulado una teoría acerca de cómo podrían hacerse las cosas, hacia la realidad nos son impuestas. Esto quiere decir que se origina por etapas, primero se da el surgimiento de la idea -teoría-, luego su difusión y por último su aplicación. Por ello, las teorías educativas no gobiernan directamente las prácticas en la realidad, sino que se dan a través de quienes tienen que actuar en ella.

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@diegoganoza

Bibliografía:
PEDAGOGÍAS DEL SIGLO XX. José Gimeno Sacristán. “Los inventores de la Educación”. Editorial Cisspraxis, Barcelona. 2000.

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