Siempre he considerado que la formación educativa en cada sociedad siembra las bases esenciales para su desarrollo y sostenibilidad. Y una de las herramientas básicas para señalar un norte de este desarrollo es la Evaluación. Aquí les presento una primera parte de la importancia de este tema.

INTRODUCCIÓN

La educación en España, a nivel de la Unión Europea, se ha visto protagonizada en los últimos años con titulares e informativos que hacen referencia a su rol “poco protagónico” obtenido en los diversos indicadores educativos, dentro de los principales tenemos el informe elaborado por el Programme for International Student Assessment (PISA) cuya responsable es la Organización para la Cooperación Económica y de Desarrollo (OECD), el cual se encarga de dar una referencia sobre cuáles son los países que más avanzados se encuentran en la formación de científicos o técnicos; según, además, el cual señala que España ocupa el lugar 33 de la lista.

Pero, para ir centrando nuestro tema, por qué son importantes los resultados de esta Evaluación? De qué manera la Evaluación rendida por los estudiantes no sólo les afecta a ellos, sino también a nosotros como país? Cómo una Evaluación compromete a nuestro sistema educativo a partir de sus resultados?

Como podemos ver, el estudio no girará en torno al PISA, sino a la Evaluación como tal. Hacemos referencia al PISA, porque nos parece un punto de partida, un ejemplo oportuno para empezar a abordar el tema del presente post: “La Evaluación”, que puede ser entendida desde sus diversos aspectos en un único concepto; pero cuya finalidad siempre podría ser diversa. ¿Cuál es? ¿Cuáles son? Bueno, para respondernos a estas preguntas, a continuación veremos algunos temas implicados en su desarrollo.

DEFINICIÓN

Para entender la Evaluación, podemos partir de una idea concreta, que nos la da la Real Academia Española, que la señala como “Examen escolar”. Por lo que, al afirmar que se trata de un examen ya estamos ingresando a entenderla como un instrumento por el cual nos permitiremos estimar un algo, o que también la estamos aceptando como una herramienta que nos servirá para saber qué mérito otorgarle a aquello que intentamos medir valorativamente.

Por otro lado, y ya dirigiéndonos a un plano más abstracto, también podemos concebir que la Evaluación es la determinación sistemática del mérito, el valor y el significado de algo o alguien en función de unos criterios respecto a un conjunto de normas.

Es así pues, que afirmamos que la Evaluación se encuentra en todos los ámbitos de nuestras vidas, tanto para medir y evaluar nuestros signos vitales al nacer, durante los exámenes en la escuela, o la universidad; y que también dentro de nosotros mismos, en tanto que nos permitimos medir evaluando a las otras personas, de acuerdo a su comportamiento y actitudes, asignándoles una valoración inconsciente, nuestros gusto por determinadas comidas, ropas, etc., por ejemplo.

Entonces, ya centrando nuestro tema, nos ceñiremos en el presente trabajo a aquella Evaluación que pertenece al ámbito concreto, a la herramienta que nos permitirá estimar y caracterizar determinadas materias o programas educativos; y que a partir de sus resultados, podremos realizar tareas tales como, por ejemplo, las que desarrolla el Instituto de Evaluación del Ministerio de Educación que es el de elaborar el Sistema estatal de indicadores de la educación que contribuirá al conocimiento del sistema educativo y a orientar la toma de decisiones de las instituciones educativas y de todos los sectores implicados en la educación; o simplemente saber acerca de nuestro desempeño en una determinada materia de ciclo.

ORIGEN Y DESARROLLO

Al asumir la Evaluación en su dimensión concreta, la de números, cifras e índices, podríamos tener la tendencia de concebirla como una Escala de Medición, lo cual no estaría lejos de la realidad; ya que en sus comienzos, en su utilización formal de las medidas de campo en las ciencias humanas, en la psicología específicamente, durante la segunda mitad del siglo XIX, los trabajos de R. Fechner introducen la medición psicofísica en los laboratorios de psicología experimental, y luego al estudio de las diferencias individuales, en donde surge la psicometría.

Ello se continuó desarrollando hasta principios del siglo XX, en donde uno de los retos para el campo de la pedagogía incluía el de crear un test que sirviera para elaborar escalas de comprobación de conocimientos escolares, ya que los test psicofísicos o de laboratorios resultaban insuficientes para cubrir las áreas propias del rendimiento escolar. No fue hasta 1904 con la publicación de “Introducción to the Theory of mental and social measurement” de R.L. Thorndike, en que se estableció la vigencia de la medición en pedagogía.

Ya a partir de 1910, se introdujo las escalas de redacción, ortografía y cálculo aritmético. Luego, con la publicación de la primera edición de los Stanford Achievement Tests, en 1923, se definieron muchas de las actuales características de la medición educativa. En 1947, el Educational Testing Service, en Estados Unidos, elaboró la mayoría de las pruebas de rendimiento en universidades, escuelas profesionales, organismos gubernamentales, entre otros organismos. Cabe señalar, además, que este tipo de Evaluaciones otorgaban información acerca del rendimiento del sujeto evaluado, mas no de los programas escolares o del desarrollo del currículum, no se planteaba la posibilidad de que éste no fuera el correcto o que tuviere errores… hasta la llegada de la perspectiva dinámica, que será parte de nuestro siguiente post!

 

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