En estos días de fiestas, de “regocijos”, de salidas y emocionantes encuentros, he estado revisando mi Facebook. En él he estado observando fotos de amigos y colegas que no veo hace ya buen tiempo. Muchos ya trabajando y pasándola de lo más genial. Y una de las cosas que más me ha llamado la atención son las publicaciones que han hecho de sus reuniones de “compartir”.

Este tipo de reuniones –el compartir- es un clásico. Se brinda panetón, chocolatada y/o gaseosas en vasos de plásticos. La gente come, comenta, se acuerda de anécdotas y las comparte con el resto. Luego, cuando alguien se anima, se empieza con la ronda de entrega de regalos de los amigos “secretos”, cuyo rol supuestamente lo han estado desempeñando durante las semanas anteriores.

Lo peculiar de este momento es que se trata de regalos que provienen de personas que “generalmente” desconoce tus gustos y aficiones, por lo que para conseguir algo que te gustase han debido de recurrir a mil y un formas insospechadas para que uno no se de cuenta sobre su rol inquisitivo, o simplemente adivinar.

Llegado el momento, la frase clásica siempre será “ojala que te guste” acompañada siempre de una sonrisa. Empiezas a abrir el regalo, previamente examinado por su forma y tamaño tratas de adivinar qué es. Una vez descubierto totalmente lo miras y ocurren dos cosas: o te gusta o no te gusta, creo que en la mayoría de los casos la gente cae en el segundo supuesto. Así que no queda otra de sonreír mientras se suelta un “gracias”.

Personalmente, hace ya buen tiempo que no acudo a un Compartir, será ocasión de organizar uno.

 

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