He amado el 2010, también me enfadé con él en algunas ocasiones. Pero a fin de cuentas, ha sido un año de crecimiento, bueno. Las cosas estuvieron mejores que en los anteriores, debo admitirlo. Como en todos los años, he hecho muchas cosas y dejé sólo algunas. Definitivamente, mi vida ha cambiado rotundamente –bruscamente-.

Me gustaría mucho hacer recuentos, de todo, pero es ocioso, están en todos lados: periódicos, revistas, blogs, redes sociales, etc. Tuve la oportunidad de recibir el 2010 en Europa, al lado de la entonces mi novia –ahora, esposa-. Cenamos en familia y nos fuimos a un bar a tomar algunos tragos con unas amigas. Estuvimos un par de horas, salimos y un joven francés borracho y perdido nos preguntó acerca de la Estación del tren con un idioma francés sumamente alcoholizado. Obviamente, no nos entendió. Entre marroquíes que nos ofrecían latas de cervezas a un euro, bajamos al metro para enrumbar a casa. La noche anterior habíamos celebrado mi cumpleaños hasta tarde y estábamos ya algo cansados.

Regresé a Perú, hice nuevas amistades. Llevé nuevos cursos, seguí avanzando con la universidad. Llegó el mes de julio y me casé con una mujer maravillosa, bella por donde se le viera. Esperaremos dos años para el religioso. La segunda mitad del 2010 fue una etapa de espera.

Llegó diciembre, fui con mi hermano a dos grandes conciertos en Lima, se terminaron los exámenes finales y aquí estoy, terminando nuevamente un año en Barcelona. Este 2011 será distinto, será mejor y peculiarmente lleno de retos personales. Retos que me emocionan y me llenan de expectativa y pasión. Una vez más en el cuadrilátero de la vida a punto de entrar a “kumitear”!

 

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